Los problemas de salud sanguínea, provocados principalmente por la anemia y la deficiencia de hierro, afectan a más de 28 millones de personas en toda Europa, pero siguen sin recibir la atención que merecen en las políticas sanitarias europeas. Sus consecuencias se extienden a muchos de los principales retos sanitarios de Europa, entre ellos las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la enfermedad renal crónica y la enfermedad inflamatoria intestinal, y afectan de manera desproporcionada a las mujeres y a los niños. En el caso de las personas que padecen enfermedades cardiovasculares, los problemas de salud sanguínea pueden suponer una carga adicional para el sistema cardiovascular y pueden agravar los síntomas y empeorar los resultados de salud.
Por lo tanto, mejorar la salud sanguínea ofrece la oportunidad de mejorar la seguridad de los pacientes y los resultados clínicos en múltiples áreas terapéuticas, reducir las desigualdades sanitarias y reforzar la sostenibilidad de los sistemas sanitarios europeos, entre otras cosas mediante enfoques como la gestión de la sangre del paciente. En el caso de los pacientes cardiovasculares, reconocer y tratar afecciones como la anemia y la deficiencia de hierro también puede constituir una parte importante de un enfoque más holístico de la atención sanitaria.